Las cosas siempre pueden ser peor. La caída sin fin de Alberto Fernández

No sé si alguien aún recuerda, la formula Fernández – Fernández, venció al macrismo en primera vuelta, había un fuerte consenso social en que la gestión del expresidente Macri había fallado en aquel aspecto que venía a solucionar: la economía. Vino la pandemia al poco asumir, hubo cuarentena, de golpe sectores de la sociedad eran los “Gestapo” de la salud y parecía ser un crimen ir a visitar a un amigo.

11-08-2024

En ese momento, los números de aprobación del presidente estaban por el cielo, superaban el 90%, nada parecía capaz de dañarlo. Pero la cuarentena tenía un límite y este era la economía de los trabajadores privados, poco a poco la imagen del presidente se dañaba a medida que insistía con la cuarentena, mantenía los controles y la gente no podía trabajar. La economía terminaba muy dañada al cabo de solo dos años de haber iniciado su mandato, la inflación aumento en todo momento. Incapaz de revertir la situación y muy golpeado mediáticamente, su gobierno tomaba rumbos erráticos hasta terminar con Massa como ministro de Economía.

Pero volvamos al inicio, cuando Alberto estaba en su mejor momento. Un presidente en un sistema hiper presidencialista, mayoría en ambas cámaras, mayoría de los gobernadores adeptos, conduciendo el partido más competitivo de todos. Pero como diría Lord Acton “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

No es que sorprenda la triangulación existente entre mujeres – poder político – y machismo, si sorprende el mal timing y la poca “profesionalidad” del mismo. Nicolas Maquiavelo en su libro más famoso “el príncipe” aclara que no importa echar mano a malas artes, engañar o dejar libre a los vicios, siempre y cuando estos no afectan la gobernabilidad del principado o bien sirvan para aumentar su poder, en todo caso, había que saber fingir ante el pueblo. Esta famosa lección fue olvidada. El amateurismo permeo las primeras capas de los funcionarios, a tal extremo que aparece una foto de Insaurralde en un yate, en un país extranjero con una modelo argentina, Sofia Clerici, en plena campaña electoral.

En el contexto en que todo el país estaba siendo forzado a estar encerrado, donde personas no pudieron despedir a sus seres queridos que fallecían, el presidente de entonces estaba de fiesta en casa de olivos y en su despacho presidencial, y no me ofende para nada que lo haya hecho (nunca estuve en esas posiciones, pero calculo que viene con el poder) si me ofende el terrible amateurismo imperdonable de que hayan filmado, fotografiado y hecho público. Como diría mi amigo Carlos “los muchachos se marearon de tanto poder”.

A casi un año de haber dejado de ser presidente, sus bajezas todavía salen a flote, y aquella persona que tuvo todo, parece que no deja de perder. Y cada tanto se conoce algo nuevo y la espiral de descenso se hace más profunda, y con él la de sus colegas. Porque por más que Cristina intente despegarse de él, fue ella quien trabajo por hacerlo presidente, y dudo que desconozca las mañas de quien haya sido el jefe de Gabinete de ministros de su marido (y suyo también por un periodo de tiempo) y su principal detractor interno tiempo después.

En definitiva, Alberto Fernández y compañía a poco de un año de su salida, no deja de pagar caro su cinismo e incompetencia, en una trama que se vuelve cada vez más amplia y bizarra.

Autor: (*) Politólogo