TEA. Uno de cada 44 niños tiene Trastorno del Espectro Autista
Si bien, las señales de un posible autismo pueden ser detectable a muy temprana edad, hoy se diagnostica cerca de los 3 años de vida. Si hubiese, de base, un proceso de inflamación intestinal sería tarde para abordarlo.
11-12-2024
“Estamos enfrentando un gran problema: el aumento del autismo. Hoy, 1 de cada 44 niños tienen Trastorno del Espectro Autista (TEA). Tenemos que ser conscientes de la importancia del Microbioma y como la comunicación entre el intestino y el cerebro puede impactar en la salud digestiva, así tenemos la obligación moral de ayudar a los niños y niñas que padezcan una alteración en esta comunicación”, asegura Alessio Fasano.
“Durante dos millones de años de evolución, los humanos enfermaban y morían por infecciones. Investigamos las causas, vimos cómo se transmitían, desarrollamos herramientas para tratarlos como vacunas, antibiótico, limpieza del agua, etc. Todo esto tuvo un impacto significativo en el desarrollo humano y se produjo una caída drástica de estas infecciones. Muchas de esas enfermedades han desaparecido. Las enfermedades no transmisibles (ENT), también conocidas como enfermedades crónicas, fueron las que ocuparon ese lugar. Suelen ser de larga duración y son el resultado de una combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y de comportamiento”, agrega.
Fasano explicó que “los trastornos de neurodesarrollo, el Parkinson, el cáncer, el Alzheimer, son las enfermedades de hoy. Ahora, las personas no mueren por infecciones agudas rápidamente, pero si lentamente por estás enfermedades señaladas. En esto tienen mucho que ver nuestra genética y el tipo de vida que llevamos. No se llega a esto automáticamente, es algo transgeneracional”.
Alessio Fasano habla sobre la comunicación existente entre el cerebro y el intestino; ambos influenciados por el microbioma y todo lo que este transmite para que la relación entre estos dos órganos funcione, para bien o para mal. La microbiota son las bacterias presentes en la piel, el aparato digestivo y los genitales; y el microbioma son los microorganismos que habitan un entorno específico, sus genes y el mundo que los rodea. Así, ante la presencia de un intestino con permeabilidad aumentada, el microbioma podría estar en comunicación con nuestros genes y modificarlos. Esta probablemente sea la lección más importante para comprender y resolver enfermedades de la humanidad, que el microbioma puede comunicarse con nuestros genes y modificar lo que sea necesario, incluyendo la permeabilidad intestinal.
¿Esto aplica al autismo? “Si -asegura el especialista-, esto mantiene la idea de que hay una comunicación entre el cerebro y el intestino mediante la firme conexión de ese eje. Por ejemplo: cuando estamos estresados y tenemos una indigestión, el intestino también se comunica con el cerebro a través de neurotrasmisores nutrientes, microorganismos, probióticos, ácidos y otros. La microbiota se comunica por el sistema nervioso, la vía endocrina y la tercera vía, que es el flujo sanguíneo que genera todas las emociones que tienen que ver con la ansiedad, la depresión, entre otras, y repercuten en el intestino”
La microbiota en niños con autismo tiende a estar alterada, tienen el intestino más permeable y con mayor presencia de zonulina, que es una proteína que regula la permeabilidad de las uniones entre las células del intestino y que muestra mayor su presencia en estos niños.
Fasano manifestó que “tener un familiar con autismo es un trabajo de tiempo completo. Todo en la familia gira alrededor de ese niño ya que, en este caso particular, muchos factores afectan la permeabilidad del intestino: como se alimenta, la calidad de la leche materna, el ambiente que lo rodea, el estilo de vida occidental que aumenta las enfermedades inflamatorias crónicas. La nutrición actual es inadecuada, en términos generales, para todos”
El proyecto GEMMA (Genome, Enviroment, Microbiome, and Metabolomic in Autism”, está en marcha en varios países como Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda e Italia. Se basa en la idea de que “no se sabe exactamente qué factores contribuyen al desarrollo del TEA. Con el estudio GEMMA, estamos teniendo en cuenta tantos factores como sea posible y estudiando cómo cada uno de ellos contribuye a este complejo trastorno del neurodesarrollo”.
Hoy no existen biomarcadores probados del TEA y el diagnóstico se basa completamente en la evaluación del comportamiento. Los biomarcadores identificados en este proyecto contribuirán a una mejor comprensión del desarrollo del TEA en niños en riesgo y conducirán a posibles soluciones para reducir los síntomas del TEA y las comorbilidades gastrointestinales en futuros pacientes.
Gemma se trata de un seguimiento exhaustivo de cada niño y el aporte de sus familias es fundamental a la hora de proveer las muestras que hacen falta para el estudio. “Debemos tener en cuenta que el autismo es detectable a los 12 meses de vida. Hoy se diagnóstica cerca de los 3 años y ya es tarde para comenzar a tratar la inflación intestinal. No podemos perder más tiempo y actuar ya”, concluyó Fasano.
(*) Médico.