Proyecto Ituzaingó. La apuesta industrial que busca convertir a Corrientes en protagonista global
Corrientes empieza a escribir una nueva página en su matriz productiva. Desde Ituzaingó, el Gobierno provincial impulsa un ambicioso proyecto industrial que promete transformar la histórica base forestal en una plataforma exportadora de alto valor agregado: una planta de fibra larga de pino con proyección internacional.
16-04-2026
El movimiento no es menor. En un mercado global donde la demanda de insumos para productos de higiene crece de forma sostenida, la provincia busca posicionarse como proveedor estratégico. La planta, aún en etapa inicial, apunta a una facturación anual cercana a los 900 millones de dólares, una cifra que por sí sola marca la magnitud de la apuesta.
Una inversión que redefine la escala
El llamado “Proyecto Ituzaingó” contempla una inversión estimada en 2.000 millones de dólares y la generación de unos 13.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. El epicentro será el Parque Industrial de Ituzaingó, uno de los 18 desarrollados en los últimos años como parte de una estrategia oficial para modernizar la cadena forestal.
La ubicación no es casual: el complejo se articula con un puerto estratégico, pensado para facilitar la salida de producción hacia mercados internacionales y atraer inversiones de gran escala.
El primer paso político
El puntapié inicial lo dio el gobernador Juan Pablo Valdés, quien presentó el proyecto como una oportunidad para cambiar la estructura económica de la provincia. “Se trata de generar empleo genuino y abrir un horizonte de prosperidad para miles de familias correntinas”, sostuvo durante el anuncio.
Detrás de la iniciativa está ARPULP S.A., una firma argentina con raíces en la provincia, que lidera el desarrollo de una planta que, de concretarse, sería la mayor de su tipo a nivel mundial.
Un camino largo y condicionado
Lejos de los anuncios inmediatos, el proyecto transita una hoja de ruta extensa y exigente. Según adelantó la CEO de la compañía, Alejandra Aranda, 2026 estará marcado por estudios ambientales clave, diseñados bajo estándares internacionales de calidad y seguridad.
En paralelo, el fondo de inversión Pegasus iniciará la búsqueda de financiamiento, un punto crítico para garantizar la viabilidad de una obra de esta envergadura. Recién en 2027 se avanzaría en la ingeniería básica y de detalle.
Fernando Correa, responsable del desarrollo tecnológico, trazó un horizonte aún más amplio: si las condiciones financieras acompañan, la construcción se desplegaría entre 2028 y 2030, con la expectativa de operar a plena capacidad hacia fines de esa década.
La variable ambiental, bajo la lupa
Uno de los ejes sensibles del proyecto será su impacto ambiental. Las primeras evaluaciones ya están en marcha y estarán a cargo de la consultora ECONSUL Ingeniería Ambiental, en conjunto con el Instituto Correntino del Agua y del Ambiente (ICAA).
El desafío será doble: cumplir con normas internacionales estrictas y, al mismo tiempo, sostener la legitimidad social de una iniciativa que promete desarrollo, pero también exige controles rigurosos.
Entre la promesa y la ejecución
El Proyecto Ituzaingó sintetiza una aspiración histórica de Corrientes: dejar de ser solo proveedora de materia prima para convertirse en un actor industrial competitivo a nivel global. Sin embargo, el camino recién comienza.
Entre inversiones millonarias, plazos largos y exigencias ambientales, la iniciativa se mueve en una delgada línea entre la promesa transformadora y los desafíos de su concreción. El resultado, si se cumple lo previsto, podría redefinir el perfil productivo de toda la región.
Autor: Diego AguirreNotas relacionadas
- 1